Visitantes, Negratinta

1Hamed Enoichi, foto de Raul Díaz Guerrero
 
2Pablo Sierra, foto de Ismael Llopis

 

Los fundadores de la revista son los periodistas Hamed Enoichi y Pablo Sierra de Ibiza y el informático Jorge Martínez de Barcelona.

 

Conocí a los chicos de Negratinta a través de la recomendación de una buena amiga. De ellos lo primero que se podría decir es que tienen ese punto de integridad, inocencia y locura que hacen que la magia ocurra. Querían hacer una revista y que gente la leyera. Y así ha sido. Durante 11 meses por la pantalla a un ritmo casi diario hemos visto su trabajo en la web y ha ido aumentando su número de lectores. Trabajan a destajo y de sofá en sofá recorren el país haciendo entrevistas y aumentando su red de colaboradores. En cuanto a la propuesta, ellos buscaban escapar de titulares fáciles, textos anodinos y de la entrevista amable y promocional. Tocan política, arte, religión, literatura, fotografía, deporte, cine, música. Quieren tomar partido sin ser partidistas. En definitiva hacer buen periodismo. Después de casi un año han hecho su revista en papel, para pagar las facturas han lanzado un crowdfunding en Verkami.

Mucha gente se pregunta el motivo por el que el periodismo está tan mal en nuestro entorno. No hace falta ser un genio para ver que no puedes tener buen periodismo con medios controlados por  ingresos publicitarios de grandes compañías, si quieres opiniones sinceras y trabajadas, hay que poner también tu esfuerzo en forma de dinero. Si esta generación que viene quiere tener lugares dónde informarse, deberá pagarlos, y Negratinta es, sin duda, un claro ejemplo de periodismo independiente sin ningún tipo de subvención ni de apoyo de la administración o coorporativo, sólo el de sus lectores.

El número #0 de Negratinta combina artículos sobre política o ciencias sociales con relatos literarios, irónicas viñetas, reportajes fotográficos que trasladan al lector desde Islandia a México con solo pasar la página… Tampoco falta el trabajo de campo. Al igual que en la web también hay las entrevistas a personajes relevantes de nuestra sociedad. Para que podáis ver nos de qué estamos hablando, Pablo y Hamed nos prestan sendos artículos que podéis leer a continuación.

 

Aquí un pequeño extracto de la entrevista de Pablo Sierra a la fotógrafa Nuria López Torres que aparece en el número #0:

[…]

–A los escritores les preocupa especialmente tener una voz propia cuando escriben sus novelas. ¿También ocurre con los fotógrafos?

Sí. Para tener tu propio estilo como fotógrafo tus experiencias vitales siempre van a pesar más que tu técnica. Lo que hayas vivido marcará la diferencia porque te empujará a trabajar una temática u otra y te dará tu propia mirada. En eso no somos diferentes a otras disciplinas. El peligro de encontrar tu estilo es quedarte estancado 15 años en la misma fotografía. Hay que ir reinventandose. No siempre es fácil porque el tiempo, las energías y los recursos son finitos y arriesgar para salirte de lo que ya dominas puede dar miedo. Cuando lo haces, te refrescas.

–La transexualidad ha sido una constante en tu fotografía. Has fotografiado a varias personas transgénero en distintas ocasiones durante los últimos años. 

No es nada sencillo hacer ese seguimiento, sobre todo porque se trata de personas que viven en la otra parte del mundo. Casandra es una trans que conocí en Cuba y que después se ha venido a vivir a Madrid con su familia. Cuando viajas, no es fácil tener a tus protagonistas tan al alcance de la mano.

Mi último trabajo retrata ciertos lugares del planeta donde el tercer género no está denostado, que es a lo que estamos acostumbrados en Europa. Las personas trans están aceptadas y cumplen su función en la sociedad. Eso ocurre apenas en el 1 por ciento de las sociedades. En el resto de culturas, están totalmente discriminadas. Se les expulsa de casa, no pueden acceder a muchos trabajos, dejan prematuramente de estudiar. En muchísimos lugares no les queda otra escapatoria que la prostitución. Antes que fijarse en la exuberancia que pueda tener una persona trans hay que interesarse por su historia. En Brasil me he encontrado con personas que a los 13 años ya vivían en la calle. Subirse a un coche con un desconocido implica juntar algo de dinero para poder comer.

–La prostitución de los transexuales es toda una industria en Brasil.

Con la sexualidad impera una doble moral muy grande en todo el mundo, incluso en las sociedades donde nos creemos más abiertos seguimos siendo hipócritas. Es la relación del ser humano con el sexo y la identidad sexual lo que me interesa reflejar en mi trabajo. Las personas transgénero son solo una parte del campo que retrato.

[…]

–¿Cómo se consigue subir a una favela de Río de Janeiro y no ser una intrusa con cámara de fotos?

Siempre eres una intrusa. A no ser que te vayas a vivir bastante tiempo allí, de alguna manera serás ajena a la realidad de un lugar como una favela. Me considero una persona afortunada por los amigos y contactos que he ido haciendo con el mundo profesional. Los que ya tenemos una cierta edad y vivimos antes de la aparición de las redes sociales en internet ya teníamos generadas nuestras propias redes en la vida real. Gracias a esos contactos tienes la oportunidad de ir a trabajar a cualquier lugar. A Francisca, una brasileña que venía a trabajar a España dentro de la industria del sexo, la fotografié con su hija y su nieta en Málaga para un proyecto que se tituló Amb sabates pròpies. La conocí gracias a una amiga transexual que también era de Brasil y tuve la suerte de dar con una persona que llevaba una historia alucinante detrás. Visité a Francisca en Río, donde se compró un terreno en la favela de Rocinha cuando se retiró de la prostitución. Se había convertido en una mujer muy respetada en la comunidad: se codeaba con el jefe supremo de la zona, que ahora está en la cárcel después de la pacificación, y ejercía de mediadora en el conflicto entre moradores. Ella me llevó de la mano por Rocinha; si no hubiese sido por Francisca yo no hubiera podido entrar a la favela con mi cámara.

[…]

 

Aquí el artículo de opinión Carta de un moro a Albiol, alcalde del PP de Badalona de Hamed Enoichi:

Usted no leerá esta carta y si lo hace no creerá que le he escrito yo. Nací en España en 1985, así que soy español le guste a usted, o a gente como usted, o no. Me guste a mí o no, soy español porque cuando voy al extranjero sólo puedo enseñar un pasaporte y ese pasaporte es el español. Lo siento mucho por usted, en ocasiones más lo siento yo, pero es así. Aunque para usted yo no sea español, para el resto del mundo lo soy, desde para un estadounidense hasta para un japonés. Sentimientos e identidades aparte, mi nacionalidad es española; aquí y en el resto del mundo. ¿Por qué le digo esto? Porque para usted siempre seré un extranjero. Sé que para usted soy extranjero porque no me llamo Paco o Xavi. Lo que me molesta no es que para usted sea un extranjero siempre, puede meterse la nacionalidad por donde acaba la espalda, lo que me molesta es que se crea que soy inferior.

Usted ha dicho cosas como que “el ritmo que sigue un colegio con alumnos de diferentes nacionalidades retrasa el aprendizaje” o que “se está condenando a los alumnos de barrios humildes a ir a clase en unas condiciones que no son las óptimas”. Cree que los alumnos autóctonos “están condenados” a ir al colegio con inmigrantes, pero lo más seguro es que ni sepa que posiblemente esos niños, a los que llama inmigrantes, hayan nacido también en España, mal le pese, y que sus padres llevan años en España. Usted cree que son de fuera porque el nombre o el color de piel no le cuadra. Cree que esos niños van a arrastrar al fracaso escolar a uno que se llame Paco, Antoni o Pau sólo porque les ve con rasgos exóticos y nombres raros. No son adolescentes que vienen con 15 años a España de un país cuya lengua no es el castellano o el catalán. Son niños de tres años que han nacido en España y que salen de la misma base que los hijos de Isabel de Castilla.

Su pensamiento es peligroso y ruin porque juega con el miedo y la ignorancia de la gente. Está lanzando un mensaje muy claro: Si su hijo fracasa es por culpa de los inmigrantes ¿Y para usted qué es un inmigrante? Cualquier personas que no entre dentro de su canon español. Es peligroso su mensaje, repito, porque si para usted, y para gente como usted, esos hijos son extranjeros aunque hayan nacido en España, significa que lo seguirán siendo cuando sean mayores; y nos seguiréis viendo como inmigrantes y nos será más difícil encontrar trabajo en nuestro propio país sólo porque para vosotros no somos españoles, sino extranjeros y, en vuestra cabeza enferma, inferiores. Si usted cree que arrastramos a los demás al fracaso y ese mensaje cala en la sociedad, ¿qué pensará un empresario? Pues que solo servimos para trabajo físico y que todo lo que está relacionado con el cerebro lo tenemos vetado vaya a ser que arrastremos a los demás trabajadores y tengan que venir a hacer de apoyo y baje el rendimiento de la empresa.

Sus declaraciones no distan mucho de las declaraciones que se vertían y acciones que se realizaban en aquellos EE UU racistas no tan lejanos. Aquellos que hablaban y defendían la segregación racial para preservar la pureza de la raza blanca, anglosajona y protestante. Aquellos que decían que los negros no eran verdaderos ciudadanos y que eran inferiores y que, al ser inferiores, no debían acercarse a los blancos para no contagiarles. Aquellos que los relegaron a trabajos físicos, aun estando supuestamente abolida la esclavitud, porque eran demasiado tontos e incapaces para otras ocupaciones.

Sin querer menospreciar a nadie, he de decirle que a mí los únicos que me arrastraban al fracaso, el aburrimiento, la monotonía, y el hastío, eran los propios españoles a los que usted llama autóctonos, valga su sangre pura. A mí me obligaban a sentarme con alumnos más lentos en el aprendizaje para hacerles refuerzo. No podía seguir aprendiendo porque dejaba a los compañeros atrás. Cuando yo tenía un ejercicio hecho, tenía que esperar toda la clase, incluso otras clases, a que los demás acabaran; y todos eran españoles. En los dictados yo acababa y me daba tiempo a dibujar un Son Goku mientras los demás aún estaban escribiendo con la cabeza agachada. Los que aprendíamos más rápido en mi clase éramos un hijo de filipinos y yo. Los que nos aburríamos hasta el hartazgo en clase mientras los demás sumaban con los dedos y leían arrastrando el dedo en la hoja, era ese muchacho y yo. Y todos los demás eran españoles.

Da igual el nombre, la procedencia, el sexo o la condición. Esto va de capacidades y las capacidades no entienden de eso como la meritocracia no entiende de enchufes. Mal le pese, posiblemente usted sea el inferior aunque se crea superior a los demás. Como me dice un amigo amigo al leer afirmaciones como la suya: ojalá hubiese tenido en clase a 20 Hamed Enoichi.

PD: Si quiere le puedo escribir otra carta en catalán o en otro idioma. No sé usted, pero yo tengo donde elegir.

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